Ida y vuelta al corazón de la Unión Soviética

A modo de cuaderno de viaje, el aclamado periodista polaco Ryszard Kapuscinski nos ofrece en este libro un completo repaso por la historia de la extinta Unión Soviética, realizado gracias a su continuo deambular por los vastos territorios por los que se extendía el temido y temible Imperio Ruso, en plena época del comunismo más atroz y salvaje, liderado por personalidades políticas y militares cuyas ansias megalómanas sumieron a millones de personas en la más absoluta de las miserias.

041Establecido en tres episodios cronológicos (la toma de poder del Ejército Rojo de los territorios limítrofes, las colonias rusas, el apogeo del Comunismo, y la caída de la URSS), descubrimos pinceladas del ascenso y la consolidación de los regímenes autoritarios y dictatoriales que gobernaron en Rusia y en sus territorios, y la manera en que lideraron a millones de personas mediante políticas basadas en el miedo, el terror, la paranoia, y la histeria, tácticas todas encaminadas a hacer de la URSS el mayor Imperio sobre la faz de la tierra, hacer de la rusa la más poderosa de las naciones, la dominadora del planeta, y todo ello sustentado en la aplicación de la fuerza, de la opresión sobre los civiles, sobre los seres humanos, sobre la mano de obra, a la postre, verdadero motor y valor esencial de toda superpotencia que aspire a eternizarse en el liderazgo mundial.

En todo momento el reportero no oculta su sentido crítico ante la situación social y cultural de la que está siendo testigo durante su periplo por colonias tales como Georgia, Azerbaiyán, Uzbekistán, o ya dentro de lo que hoy día entendemos como Rusia propiamente hablando, Moscú. Lo que encuentra el escritor-narrador es una población más que sumisa, ausente, inerte, casi se podría decir que acostumbrada a una vida marcada por la más absoluta y acuciante de las pobrezas, una sociedad habituada a las persecuciones bajo absurdas acusaciones de espionaje o deslealtad, obligada a realizar trabajos extenuantes a cambio de nada, porque sus gobernantes dictaminaron, o más bien impusieron en su día, que nada es de la gente, todo es de la nación. El problema es que la nación son los Lenin, los Stalin, los Brézhnev, auténticos dictadores, verdaderos autoritaristas cuya única perspectiva era la de hacer de la Unión Soviética el más grande de los países.

stalin1Espeluznantes resultan todos y cada uno de los testimonios que Kapuscinski recogió durante sus idas y venidas, y a los que dio voz en sus páginas. Espeluznantes y aterradores, por las canalladas sufridas, por el yugo al que fueron sometidos, y también por esa falta de ambición, de rebelión, por esa sensación de acatamiento que casi puede equipararse a comprensión y a aceptación. No en vano, tal y como se apunta al final del libro, teóricos rusos como I. Kurgánov calculan que “entre 1918-1958, en los campos de trabajos forzados, en las cárceles y en los frentes de las dos guerras mundiales murieron 110’7 millones de ciudadanos de la URSS” (página 345), cifras superiores a las causadas por el Holocausto.

No obstante, desde mi punto de vista, todo no son bondades, y hablamos ya desde una postura puramente literaria. Si bien la narración de los hechos es impecable, muestra de una labor periodística e histórica fundamental para la cultura mundial, durante la lectura es tremendamente complicado ubicarse tanto a nivel geográfico como en un espacio temporal. Cierto es que en todo momento se cita la ciudad, pueblo, villa, o templo que detalla con precisión milimétrica, pero no nos es posible, desde fuera, dibujarnos un mapa sobre el que situarnos a cada momento, lo cual conlleva a la larga una sensación de pérdida que imposibilita poder extraer conclusiones más profundas, relacionar unas historias con otras, comprender conflictos fronterizos, en definitiva, poder realizar un análisis más global y amplificado del sentido de la obra, sacar conclusiones a nivel total.

En definitiva, y obviando pequeños matices, El Imperio deja una sensación gratificante en tanto en cuanto es una lectura que llena, que satisface las ansias de conocimiento, y que explica desde dentro las entrañas de uno de los regímenes más herméticos de los que ha sido testigo la humanidad.

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